Semana Santa 2015


Cuadro de texto



En esta noche, cuando las luces del sol han declinado, se dilatan las cuerdas de nuestras gargantas para exclamar y cantar a una voz: ¡VERDADERAMENTE EL SEÑOR HA RESUCITADO!

¿Nos damos cuenta de que, ese grito, es el mismo que nuestros antepasados (los cristianos que durmieron con ese convencimiento) lo vivieron con la misma emoción y alegría que nosotros? ¿O tal vez no es así? ¿Vivimos este acontecimiento –paso de la tiniebla a la luz, de la muerte a la vida con Cristo- como aquellos que nos dejaron este testimonio de la Resurrección de Cristo, esta vivencia, este clima de eternidad?

1.Esta noche fue la testigo de la brillante resurrección de Cristo. Por sus ojos, hoy con los nuestros, contemplamos que es posible un orden nuevo, un mundo distinto y –sobre todo- un futuro inmortal para cada uno de los que creemos y esperamos en Jesús muerto y resucitado.

Esta Vigilia, cargada de símbolos (oscuridad, luz, agua, incienso, fuego..) nos hacen pasar de lo viejo a lo nuevo. De la incertidumbre de una tierra que se termina a la posesión de unos cielos nuevos. ¡No es grande pensar y celebrar esto así! ¡Cielos nuevos! ¡Vida nueva! ¡Resurrección! Todo gracias a ese Cristo que, humillado en la cruz, baja hasta lo más hondo de nuestra propia oscuridad para darnos LUZ.

El mundo, por mucho que se empeñe, nunca podrá tener una victoria definitiva sobre la muerte. Podrá mejorar las condiciones de la enfermedad de las personas, hacer frente a su dolor pero ¿la muerte? ¡La muerte es cosa de Dios! ¡La muerte en Cristo es vencida!

2.Qué pena que las nuevas generaciones sólo estén siendo educadas para una vida eventual. Como si, esa vida, fuera a ser permanente en esta tierra. ¿Qué ocurrirá cuando, el paso de los años, haga mella en la autosuficiencia, autocomplacencia y en el vivir al día sin referencia alguna a Dios? Ni más ni menos que, la tiniebla, el desencanto, la desilusión y la decepción con el mundo será una dura y cruda realidad. Ante eso, esta Vigilia Pascual, trae aires nuevos: Cristo ha resucitado y, con su resurrección, trae vida para todos. EL sinsentido tropezará con esta gran realidad y este gran acontecimiento que, como cristianos, estamos llamados a llevar de boca en boca. ¿Seremos capaces de silenciarlo? ¿Hasta dónde estamos convencidos de que, Cristo, ha resucitado y Él es la respuesta al absurdo de nuestra muerte? ¿Tanto nos cuesta penetrarnos de la grandeza más ilusionante de la Pascua?

Bien está que nos conmovamos ante la cruz pero, un cristiano, ha de bailar ante este magno acontecimiento que es la mano triunfadora de Dios sobre la muerte: ¡Ha resucitado!¡Ha resucitado a su Hijo Jesús! ¡Nos ha resucitado, con Él, a todos! O dicho de otra manera; en la vena de Cristo DIOS inyecta sangre de eternidad para todos los que somos mortales. ¿Condición? Creer que, por nuestras venas, corre la sangre redentora de Cristo ganada por su muerte en la cruz.

Muchos lloran y se emocionan el Viernes Santo... ¡pero qué pocos son los cristianos que proclaman con su vida ejemplar la Resurrección!... muchos celebran piadosamente la Semana Santa... pero se olvidaron de Dios “hasta la próxima Pascua”, y vuelven a su vida diaria para crucificarlo nuevamente con su alejamiento de Dios. Es increíblemente contradictorio... pero real.

Que reflejemos entonces, en nuestros rostros y en nuestras vidas, la gloria de la Resurrección que brilla sobre nosotros

¡FELIZ PASCUA! ¡HA RESUCITADO! ¡NADIE NOS ROBE EL HORIZONTE DE NUESTRO EXISTIR!


Cesan las luces del sol, también las de la vida,

pero el fulgor de CRISTO

cuando, hoy se enciende,

es para nunca apagarse

y prender nuestro futuro para siempre.

Que, esta noche, fue testigo del triunfo sobre la muerte

Que la tiniebla, que todo lo escondía,

es disipada por el aire resucitador

Que la oscuridad, que todo lo confundía,

es iluminado por el poder de nuestro Dios.

Se fundirán también, las luces ficticias del mundo,

y –será entonces- cuando también nosotros

caigamos en la cuenta del valor de esta Pascua

del rescate que, Dios (mano tendida al hombre)

pagó en un alto precio de por nuestra redención.

¿Redención? ¿De qué? ¿Para qué?

Redención de nuestra caducidad:

para ser un día eternos

Redención de nuestros pecados:

para vivir en un blanco destellante junto a Dios

Redención de nuestro frágil cuerpo:

para disfrutar en piel celeste junto al Creador.

Desaparecerá nuestro orgullo y nuestra soberbia

se desvanecerán en la historia

nuestros nombres y apellidos

nuestras obras y nuestras conquistas

nuestros celos y nuestras envidias

nuestras luchas y nuestras fatigas

Más, lo que nunca pasará,

será el eco de esta noche santa y divina:

¡CRISTO HA RESUCITADO!

¡CRISTO HA SALIDO VICTORIOSO!

¡CRISTO HA RESUELTO EL ENIGMA DE LA MUERTE!

¡CRISTO NOS DA HORIZONTES DE ETERNIDAD!

Dejemos, hoy más que nunca,

que corra por nuestras venas

la sangre de un Cristo victorioso:

humano, pero divino

humilde, pero hoy triunfante

en el cielo, pero al servicio de la tierra

de Dios, pero metido en nuestra piel sufriente

¡Gloria en la Noche Santa de la Navidad a Dios!

¡Gloria en esta Noche de la Pascua al Cristo Redentor!

Javier Leoz














 

Bienaventuranzas SS

Bienaventuranzas para Semana Santa

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Miguel Angel Mesa - www.ciudadredonda.org 

Bienaventuranzas del Jueves Santo

Felices para quienes el Amor es el mayor tesoro, que da el sentido definitivo a su vida.

Felices quienes ponen el amor en práctica, sirviendo a los demás, siempre, sin tiempo, sin condiciones.

Felices quienes disfrutan haciendo felices a los demás.

Felices quienes descubren que la Eucaristía es un misterio transparente de fraternidad, de vida, de comunicación y de Presencia.

Felices quienes descubren que lo principal no es presidir, ni guiar, ni preservar su verdad, sino acompañar, comprometerse, descubrir la buena noticia junto a los humillados de la historia.

Felices para quienes es tan importante el pan de cada día, como el pan eucarístico, para que los más humildes tengan vida abundante.

Felices quienes descubren sus ministerios, su verdadera vocación en el camino de su existencia junto a los otros.

Felices quienes sienten que deben celebrar, como Jesús, la vida y la amistad, el recuerdo y el futuro, el dolor y la confianza en la cercanía del Reino.

Bienaventuranzas del Viernes Santo

Felices quienes ven en Jesús crucificado un ejemplo, una pasión, un compromiso, un desafío.

Felices quienes en la cruz descubren un camino, una búsqueda, un encuentro.

Felices quienes saben que el sacrificio personal es el sendero ineludible hacia la plenitud de su existencia.

Felices quienes han sido deslumbrados por la vida de Jesús y han decidido seguirle, cueste lo que cueste.

Felices quienes ayudan a quienes caen, quienes no les preguntan y les ayudan a levantarse.

Felices quienes acarician y secan el sudor y el dolor de los demás en el camino de su existencia.

Felices a quienes se les quedan marcadas en sus corazones las llagas, los rostros, las palabras, las estrellas de los crucificados.

Felices quienes denuncian las cruces de los demás, les ayudan a cargarlas cuando son inevitables y les ayudan a liberarse de la inhumanidad que conllevan.  

Bienaventuranzas del Sábado Santo

Felices quienes no aspiran a ver, ni a creer, sino que acompañan, humildemente, con mucho amor.

Felices quienes llevan ungüentos, aromas, vendas y esperanzas a quienes esperan en sus tumbas diarias una nueva vida.

Felices quienes se asombran ante la luz, de un momento feliz, frente a un cielo azul.

Felices quienes no reconocen al Crucificado, pues se les mostrará diferente, alegre y Resucitado.

Felices quienes se sienten llamados a subir a Galilea, al mundo de los que son silenciados en vida.

Felices quienes avivan su esperanza tocando las llagas del Resucitado, aunque antes hayan experimentado el silencio, la incredulidad, la noche oscura de la confianza y la fe.

Felices quienes ahuyentan las tinieblas, quienes se apresuran para que surja la aurora, quienes salen de noche y llegan a la madurez del día.

Felices quienes contemplan el mar, las montañas, el cielo y se encaminan, a la vez, a la construcción feliz, humilde, gozosa del Reino.

Bienaventuranzas del Domingo de Resurrección

Felices quienes preguntan dónde, cuándo, en dónde: ellos y ellas encontrarán al final la respuesta que anhelan.

Felices quienes buscando dónde está Dios, encuentran a una mujer maltratada, un enfermo, un marginado…

Felices quienes se lanzan a pregonar que han visto una luz, una esperanza, alguien que ha resucitado a una vida nueva.

Felices quienes corren a los sepulcros del mundo, quienes encuentran las vendas caídas, quienes dudan pero siguen confiando.

Felices quienes entienden las reivindicaciones de las mujeres, quienes saben que tienen que cambiar los esquemas mentales patriarcales y machistas.

Felices quienes creen a María, a Pedro, a Juan: cada uno de ellos/as despiertan y nos abren a una existencia renovada.

Felices quienes sienten el domingo de Resurrección como un día feliz, único, especial, inicial, para compartir con la comunidad, para acercarse a los demás.

Felices quienes se asombran, quienes descubren que con la resurrección de Jesús ha llegado el día, su día único y definitivo

 


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